¿Hasta
dónde puede llegar la delincuencia organizada en un país? ¿Puede llegar a
desbordar a la policía e incluso al
ejército que las combaten? ¿Puede quedar una sociedad a merced de los
delincuentes?
Las
maras son bandas dedicadas a asaltos, extorsión, tráfico de armas y el tráfico
ilegal de drogas en El Salvador. Sus raíces se remontan a las pandillas en los
barrios latinos de Los Ángeles en la década de 1980, cuando muchos salvadoreños
huyeron de su país durante la guerra civil.
Cuando el conflicto terminó, las pandillas formaron organizaciones criminales en El Salvador. "Este proceso se aceleró cuando Estados Unidos comenzó a deportar inmigrantes ilegales a sus países de origen", afirma un estudio realizado por el departamento de investigación del Congreso estadounidense. Actualmente, la agencia de la ONU que lucha contra las drogas estima un total de 54.000 pandilleros en El Salvador, Honduras y Guatemala, entre la mara Salvatrucha (conocida como MS-13) y la conocida como Barrio 18. En El Salvador, el más pequeño de los tres países, residen 22,000 de ellos. En la vecina Nicaragua, además, hay muchas otras pequeñas bandas activas.
Cuando el conflicto terminó, las pandillas formaron organizaciones criminales en El Salvador. "Este proceso se aceleró cuando Estados Unidos comenzó a deportar inmigrantes ilegales a sus países de origen", afirma un estudio realizado por el departamento de investigación del Congreso estadounidense. Actualmente, la agencia de la ONU que lucha contra las drogas estima un total de 54.000 pandilleros en El Salvador, Honduras y Guatemala, entre la mara Salvatrucha (conocida como MS-13) y la conocida como Barrio 18. En El Salvador, el más pequeño de los tres países, residen 22,000 de ellos. En la vecina Nicaragua, además, hay muchas otras pequeñas bandas activas.
En
El Salvador, un país con un poco más de 6 millones de habitantes, con severos
números de una pobreza crónica y altos índices de delincuencia, los niños
tienen muchas posibilidades de llegar a convertirse en pandilleros de las
maras.
La
MS-13 es la pandilla más grande de El Salvador, seguida por la Barrio 18, y
estas son a la vez las organizaciones criminales más fuertes en el triángulo
norte de Centroamérica, que incluye a Honduras y Guatemala, en términos de
ocupación territorial, según datos policiales.
El
presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, dijo que los cuerpos de
seguridad de su país descubrieron que algunas pandillas que operan en
Centroamérica dirigen sus operaciones con llamadas telefónicas que hacen desde
países de la región, Estados Unidos y México.
Igual
que la Policía, el Ejército de Nicaragua ha estado trabajando coordinado con
las fuerzas armadas del resto de Centroamérica, para impedir que los mareros
(pandilleros) crucen las fronteras.
Para
estos grupos es importante 'reclutar' a potenciales pandilleros desde pequeños.
A los 10 años los menores son captados por los maleantes para trabajar como
'postes', es decir, centinelas en las entradas de los barrios para alertar
sobre la presencia de intrusos en la zona. A los 15 son tomados en cuenta para
la 'iniciación' y allí eligen un camino que para algunos, es de no
retorno.
Nos
da luces de que tan organizados están estos delincuentes la noticia de la
detención de un pastor evangélico en El Salvador, quien era el cerebro
financiero de la Mara Salvatrucha. Esto confirma que esas pandillas de
delincuentes representan una amenaza en toda Centroamérica, que ha reforzado la
vigilancia en sus fronteras.
En
ese sentido este martes el presidente de
Honduras, Juan Orlando Hernández, ha
entregado una propuesta a las
autoridades salvadoreñas para hacerle
frente a las maras y pandillas al gobierno de El Salvador. La propuesta
consiste en crear una fuerza trinacional compuesta por Nicaragua, Honduras y El Salvador para combatir las
pandillas armadas que operan en las tres naciones centroamericanas.
“También creemos fundamental que en este
esfuerzo participe Estados Unidos, porque buena parte del caldo de cultivo para
el desarrollo de estas actividades delictivas tiene que ver con el
narcotráfico, que se convierte después en narcomenudeo, luego en extorsión, en
asaltos”, añadió el mandatario.
Los
tres países centroamericanos también buscarán homologar sus leyes para
"avanzar rápidamente" en la iniciativa y que "ninguno de los
países del Triángulo Norte se vuelva un territorio fértil, por el contrario que
sea un territorio hostil" para la delincuencia.
Esto
que está sucediendo en Centroamérica debe servirnos de alarma en el Perú para no caer en situaciones
como está en donde los delincuentes luego de años de
desarrollarse y organizarse
comienzan a operar internacionalmente
bajo el narcotráfico como
actividad principal.
Las
pandillas de Atalaya o la de Yurimaguas en el Callao entre
otras no son las maras salvatruchas pero
recordemos que nuevamente se ha prorrogado el estado de emergencia en el Callao
lo que indica la magnitud del problema.
Terminamos
con el testimonio de “Tribi” un expandillero rehabilitado
entrevistado por Peru21 en el 2015: “Me metí en las pandillas a los 11 años
buscando una identidad. Vivía con mis padres, pero mi papá solo resaltaba mis
errores y mi mamá era muy blanda. En la pandilla yo me sentía bien, era bacán,
andaba siempre con algún tipo de arma y hacía que los demás me respetaran: armaba
pleito en la calle, tiraba piedras y robaba celulares y carteras. A
los 13 años abandoné el colegio. Quería ser como mis amigos de la calle, tener
una moto y plata fácil y, por eso, cada vez me fui metiendo más en la
delincuencia. Desde los 15 años vendía y consumía marihuana y asaltaba a la
gente; nunca estuve preso porque tenía contactos y pagaba 50 soles a la Policía
para que me dejara libre. Un día, justo antes de cumplir 18 años, me cogieron
por robar en una empresa y casi me voy preso, pero por ser menor de edad me
salvé de la cárcel. Eso me hizo reflexionar”.
Guerra
avisada no mata soldado.
Pandillas de delincuentes tienen contra la pared a tres países centroamericanos
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