Un grupo de colectivos de la sociedad civil, personajes de la
farándula, la política, así como instituciones del Estado, se han plegado a una
marcha programada para el próximo Sábado 13 de Agosto, titulada: “Ni una
menos”, convocada a raíz de los cuestionables fallos jurisdiccionales sobre
violencia contra la mujer, en los que fueron agraviadas Lady Guillén y Arlette
Contreras. Y los ánimos se han venido caldeando luego de las desatinadas
declaraciones del Cardenal Juan Luis Cipriani que todos ya conocemos, y que lo
forzaron a pedir disculpas ante la opinión pública. Téngase presente que ésta
no es una novedad, pues ya en Junio del año pasado se llevaron a cabo
manifestaciones sobre la misma temática en ciudades de Argentina, Chile y
Uruguay.
Ahora bien, debe tenerse presente que, en un proceso judicial, si
una de las partes no se encuentra conforme con la sentencia, para ello cuenta
con los mecanismos procesales que le permiten impugnar la decisión del juez. En
ese sentido, si recurrimos a las declaraciones dadas en diferentes medios por
las agraviadas Guillén y Contreras, éstas manifestaron que los procesos no
fueron llevados regularmente y que la labor de los magistrados (jueces y
fiscales) dejó mucho que desear. Entonces ello nos obliga a replantearnos los
objetivos de esta loable marcha ¿no deberá serlo acaso contra la cuestionable
labor de los magistrados? Sólo queremos ver el árbol, cuando detrás hay un
bosque. Si no reformamos al sistema judicial, habrá más Guillén y Contreras.
Con lo que voy a decir a continuación, lo más probable es que corra
el riesgo de ser tachado de insensible frente a la violencia contra la mujer,
pues mi estilo nunca ha sido el de decir las cosas en función a quedar bien con
el público. Posiblemente sobre este tema esté nadando contra la corriente. Pero
detengámonos un momento a reflexionar, si es que acaso todas estas
manifestaciones en contra de la violencia contra las mujeres, tienen al mismo
tiempo un origen violento. Ahora, toda expresión popular que tenga como
propósito sensibilizar a la sociedad sobre problemas tan profundos, como el de
“Ni una menos”, es aplaudible. Creo que todos estamos en contra que se violente
a una mujer, física o psicológicamente. Sin embargo, hay formas de comunicar el
mensaje.
Efectivamente, viendo un videoclip en el que aparecen personajes
mediáticos como Wendy Ramos y Emilia Drago, distintas mujeres arengan frases
como: “por el que te insulta o te golpea y luego dice que te ama”, “por el
marido que te esconde la plata, te humilla y te pone apodos para hacerte creer
que no vales nada”, “por las mamás que obligan a sus hijas a lavar los platos
de sus hermanos”, “por el estúpido que pregunta: “¿y el día del hombre
cuándo?”, “por el imbécil que se mete con menores de edad”, “por los que me
miran las tetas cuando les hablo”. No soy psicólogo ni psicoanalista, ni
pretendo serlo. Pero basta un poquito de sentido común para darse cuenta que
estas frases son sexistas, arbitrarias y tienen una enorme carga emotiva de
violencia.
Que recuerde, estos colectivos y personajes que están promoviendo
esta marcha, son los mismos que promovieron hace algunos meses las
manifestaciones de la “Unión Civil Ya!”. Y si el móvil que los impulsa a
realizar esta marcha lo es el de la igualdad entre hombres y mujeres, me
pregunto ¿por qué en sus arengas no colocan: “por él o la que te insulta o te
golpea y luego dice que te ama”?, pues recuérdese que en el 2012 Abencia Meza
fue sentenciada a 30 años por el asesinato de su pareja Alicia Delgado. Sí,
señora del videoclip, ese al que Usted califica de estúpido, puede ser
cualquier ciudadano que tiene todo el derecho a exigir un día para el hombre.
Quizás el ímpetu, la vehemencia y ciertos prejuicios, les ha ganado al momento
de exhortar.
Si queremos la igualdad entre hombres y mujeres, empecemos por
reconocer que todos merecen el mismo trato. Y este tipo de actitudes mostradas
en el videoclip, no ayuda en nada. Reitero, todos estamos en contra de la
violencia, venga de donde provenga, y sea en contra de las mujeres, los
hombres, los de la comunidad LGTBI, los niños, las niñas, los adolescentes, los
adultos mayores, etc. La ley debe ser igual para todos, sin mayores
privilegios. Esa es la verdadera igualdad, el trato sin preferencias que debe
dar el Estado a todos, pues finalmente reconozcamos que nuestra riqueza radica
en la pluralidad y en las diferencias que las hay de toda índole. No
establezcamos guetos ni levantemos muros donde no los hay, en nuestra –ya muy
dividida por otros factores- sociedad.
Ni una menos, sí, pero no así ni a costa de todos
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